Vinícola Omun (Dolores Hidalgo, Guanajuato, Mexico) por Lucio Muniain y Alejandro D’Acosta. La Vinícola Omun se erige como un manifiesto arquitectónico que va más allá de la funcionalidad vinícola para convertirse en una pieza de diálogo con el paisaje y la geometría.
Diseñada por Alejandro D’Acosta y Lucio Muniain, esta obra no solo responde a la necesidad de un espacio de producción de vino, sino que se presenta como un organismo arquitectónico autosuficiente, en donde el diseño pasivo, la eficiencia energética y la relación con el entorno dictan su forma y funcionamiento.
El proyecto se cimienta en la geometría sagrada y los ciclos de la naturaleza, principios que rigen tanto la producción del vino como la organización del espacio. Inspirada en la proporción áurea y la espiral de Fibonacci, la disposición de la vinícola sigue un orden riguroso en el que la función define la forma.
Los volúmenes circulares que configuran el edificio no son arbitrarios, sino el resultado de una lógica que se replica desde el crecimiento de los racimos en la vid hasta la manera en que la luz natural se filtra a través de sus estructuras. La arquitectura aquí no impone, sino que se adapta y fluye con los procesos vitivinícolas, logrando una sinergia entre lo natural y lo construido.
Más que un edificio, Vinicola Omun es una máquina eficiente que aprovecha principios de sostenibilidad y optimización energética. La gravedad juega un papel clave en la distribución del vino, minimizando el uso de bombas y permitiendo que los fluidos se deslicen naturalmente a lo largo del proceso de vinificación.
La orientación del edificio y su integración con un estanque de agua reflejan una búsqueda por el confort térmico y la reducción del impacto ambiental, mientras que la captación de agua pluvial y el uso de ventilación extractiva refuerzan su autonomía operativa. Este no es solo un espacio para la producción, sino un sistema autosustentable que se alinea con la eficiencia y la ecología.
El lenguaje material de la vinícola también es una declaración de principios. Se optó por ferrocemento, un material autoportante que permite construir sin cimbras, evitando desperdicios innecesarios.
Su combinación con una piel tejida de bambú no solo dialoga con el entorno, sino que también aporta una textura orgánica y cálida a la estructura. La estrategia constructiva no busca la ornamentación gratuita, sino la síntesis entre forma y función, logrando que cada decisión estructural responda a una necesidad real.
La ubicación del proyecto dentro del paisaje vitivinícola no es fortuita. Montada estratégicamente junto a un espejo de agua, la vinícola genera reflejos y contrastes que la integran de manera casi poética con su entorno.
Sus formas cónicas, inspiradas en la geometría primaria, proyectan sombras dinámicas a lo largo del día, estableciendo un diálogo constante con la trayectoria solar. En este sentido, la vinícola no es solo un espacio de trabajo, sino también un lugar de contemplación y experiencia sensorial.
Los visitantes no solo recorren un edificio, sino que transitan una narrativa espacial donde cada curva, cada apertura y cada volumen responden a una lógica precisa.
Ficha técnica
Nombre: Vinícola Omun
Ubicación: Dolores Hidalgo, Guanajuato, Mexico
Proyectistas: Lucio Muniain y Alejandro D’Acosta
Superficie: 4277 m2
Renders: Lucio Muniain et al y Antonio Martinez
Instagram: @lucio_muniain_et_al
English version
Omun Winery
The Omun Winery stands as an architectural manifesto, transcending its function as a winemaking facility to become a dialogue between landscape and geometry. Designed by Alejandro D’Acosta and Lucio Muniain, this project is not just a place for producing wine, it is a self-sufficient architectural organism where passive design, energy efficiency, and environmental integration dictate both form and function.
Rooted in sacred geometry and natural cycles, the winery’s design mirrors the very essence of winemaking. Inspired by the golden ratio and Fibonacci spirals, its spatial organization follows a rigorous logic where function dictates form. The circular volumes shaping the building are not arbitrary but emerge from a system that echoes the growth of grape clusters and the way natural light filters through its structures. This is not architecture imposed upon nature; rather, it adapts and flows with viticultural processes, creating a seamless integration between the organic and the built environment.
Beyond its striking aesthetic, Omun Winery is an efficient machine that leverages sustainability and energy optimization. Gravity plays a fundamental role in the distribution of wine, minimizing the need for mechanical pumps and allowing fluids to move naturally throughout the vinification process. The building’s orientation and integration with a nearby water reservoir enhance thermal comfort while reducing environmental impact, while rainwater collection and extractive ventilation further support its autonomous operation. This is not merely a production space but a self-sustaining system aligned with ecological and efficiency principles.
The material strategy is a statement in itself. Ferrocement, chosen for its self-supporting properties, allows construction without formwork, eliminating unnecessary waste. Combined with a woven bamboo skin, the structure engages in a natural dialogue with its surroundings while introducing a tactile, organic quality. This construction approach is not about gratuitous ornamentation but about synthesizing form and function, ensuring that every structural decision serves a real purpose.
The project is strategically positioned within the viticultural landscape, carefully placed beside a reflective body of water that enhances its visual presence. Its conical forms, inspired by primary geometry, cast dynamic shadows throughout the day, establishing a constant dialogue with the sun’s trajectory. More than a functional space, the winery is an immersive experience, visitors do not simply navigate a building but move through a spatial narrative where every curve, opening, and volume adheres to a precise logic.








