Viviendas Agua Pedregal 210 / HEMAA

Viviendas Agua Pedregal 210 (Jardines del Pedregal, Ciudad de México) por HEMAA. Concebido en los años cincuenta a raíz de largas exploraciones entre las piedras volcánicas del Xitle, ya ocupadas para ese entonces por fauna y flora endémica, pocos lugares de la ciudad representan un escenario tan rico para la arquitectura moderna en México como el Jardínes del Pedregal. Localizado en un predio de 3000 m2 donde alguna vez se erigió la casa de la familia Braüer (1955), este proyecto surge y absorbe los elementos característicos de un sitio que cautivó a arquitectos, fotógrafos, artistas y tantos otros intelectuales de la modernidad mexicana.

Volumétricamente, la propuesta se articula a partir de dos ejes. Por un lado, la retícula previa a este proyecto, un pequeño eco a la antigua casa Braüer. Por el otro, los preceptos establecidos ya desde un inicio del desarrollo del Pedregal, los cuales apostaban a que la arquitectura y el paisaje se comunicaran entre sí. Así tres casas se resguardan en medio de un jardín maduro. Como remate visual de las casas, un jardín de suculentas funge como espacio de contemplación y silencio. Este jardín incluye una escultura del estudio Tezontle que se remite a las grandes piezas de Edward James en la selva Huasteca, otro artista moderno cuyo interés era fundir arquitectura humana y vegetal en un solo diálogo.

Los volúmenes de la casa son sencillos, sustentados en el principio de proporciones áureas. Columnas y ventanales se encargan de generar ritmo y secuencia, a la vez que proporcionan una cantidad perfecta de iluminación natural y de vistas orientadas hacia los jardines del conjunto en el caso de las áreas públicas y jardines privados en el de las íntimas.

El acceso a la casa lo guía una escalinata que resalta el carácter de la puerta principal y se rodea de jardineras y plantas en las fachadas. El vestíbulo constituye una primera escala interior desde la que se accede a la estancia y el comedor, que a su vez conducen a la cocina y a un cuarto familiar. Dormitorios y sala de televisión se encuentran en el segundo nivel, mientras que la tercera planta está reservada para un espacio específicamente dedicado a la comodidad, el cual se extiende en una terraza amplia y un gimnasio.

Los materiales elegidos para las fachadas delimitan geométricamente los diferentes niveles de volúmenes. Así se establece un orden y se crean bloques que demarcan el espacio entre losas, muros y columnas, a la vez que denotan la horizontalidad del proyecto y generan las plataformas necesarias para darle visibilidad a sus diferentes profundidades.

Todo esto se enmarca a través de los despieces con proporciones áureas sobre una cantera gris que presume un rasgado de superficie a 45º. Este pulido y elegante trabajo artesanal dota a la fachada de una identidad única que, a través del uso de materiales de origen local, se remite una vez más a lo mejor de la arquitectura del movimiento modernista en el Pedregal.

Ante la firmeza sólida de la cantera, de las herrerías y del concreto, el diseño de interiores ofrece un contraste a través de la calidez del roble, de muros teñidos que hacen eco de la cantera y de una iluminación tenue que suaviza y otorga prioridad a los espacios abiertos del entorno natural de la zona.

Marco teórico

«Este valle que ves, taller de fuego, fábrica de volcanes, es hoy la gigantesca arquitectura de lo que furia fue y es ya sosiego» (Carlos Pellicer).

Agua Pedregal 210 proyecta una serie de recorridos en el tiempo. Como un palimpsesto que conserva las huellas de la escritura que le precedió, las tres casas del proyecto respetan la traza original de la casa Braüer de los años cincuenta, un ejemplo clásico del movimiento moderno del Pedregal de San Ángel. Algunos de los materiales originales se conservan aquí y allá, pequeñas instantáneas al pasado que alguna vez habitó el sitio. Al mismo tiempo, la solidez de los muros de cantera y de estructuras escalonadas hacen eco a la larga historia de un sitio de formaciones volcánicas venerado por las culturas antiguas y modernas del Valle de México.

Decía el arquitecto José Villagrán que el Pedregal confirmaba que «era posible construir jardines entre las rocas». Ya desde su Catálogo de nombres vulgares y científicos de plantas mexicanas (1923), Maximino Martínez describía el Pedregal como un sitio ideal para la exploración naturalista que luego cautivaría entre sus senderos a arquitectos, fotógrafos, artistas e intelectuales de la modernidad mexicana. Perdido entre formaciones misteriosas, el sitio ofrecía la posibilidad de estar dentro y fuera de la ciudad al mismo tiempo.

Respetando esta larga historia, el proyecto propone un diálogo continuo, eternamente presente, con su paisaje y su territorio. El cuidado trabajo de jardinería es aquí parte fundamental de la arquitectura. Un pequeño y recluido jardín de suculentas le da prominencia a la piedra volcánica y se presenta como un lugar de contemplación afín a aquello que los artistas de la modernidad mexicana encontraban al perderse entre los senderos de lava fría. Cada espacio en cada una de las casas encuentra la manera de comunicarse con el exterior, ya sea a través de ventanas, patios, bancas, terrazas o balcones. Casas y jardines madurarán como contemporáneos, en una interacción siempre presente, íntima.

Al interior de las casas, las condiciones están dadas para que la vida familiar se geste cómodamente y madure en un ambiente propio. Frente a la solidez del concreto y la cantera, el pulido trabajo de madera en salas, closets y terrazas ofrece tanta calidez como la que aporta la dimensión misma de los espacios, amplios sin ser excesivos.

El uso de proporciones áureas para elementos como los ventanales produce secuencias balanceadas que amplifican el espacio como ondas en el agua. Este ritmo se traduce en recorridos fluidos, sin tropiezos, entre los espacios interiores.

Deslizarse con facilidad por esta arquitectura, moverse sin notarlo entre casas y jardines, interiores y exteriores, terrazas y cuartos, resulta ya una experiencia placentera. Pero, sobre todas las cosas, la arquitectura de Agua 210 abre la posibilidad del habitar, anunciando la promesa de un futuro hogar.

Ficha técnica
Nombre: Viviendas Agua Pedregal 210
Ubicación: Jardines del Pedregal, Ciudad de México
Oficina de arquitectura: HEMAA
Arquitectos: Arq. Alejandra Tornel, Arq. José Miguel Fainsod, Arq. Santiago Hernández Matos
Equipo de diseño: Arq. Alejandra Pavón, Arq. Andrea Hernández Goudet, Arq. Andrea Motilla, Arq. Jorge Ramos, Arq. Ricard Lostao, Arq. Carlos Núñez
Paisajismo: Olympia Frangos
Escultura: Tezontle Studio
Estructura: BVG
Ingenieria: Grupo BVG
Vidrios: Mosti Sistemi
Superficie total: 3000 m2
Superficie construida: 1060 m2 por vivienda
Año: 2021
Fotografias: César Béjar / Rafael Gamo

Contacto
https://www.hemaa.mx/

English version

Conceived in the 1950s during long hikes among the volcanic magma of the Xitle that hosted a variety of endemic plants and animals, few places offer an environment as rich for modern architecture as the Jardínes del Pedregal. Built on a 3000 square meters plot where a modern house once stood, the project absorbs the characteristic elements of a site that captivated architects, photographers and so many other artists and intellectuals of the Mexican modern movement.

Volumetrically, the proposal is organized around two axes. On the one hand, the footprint of the original house (1955). On the other hand, the precepts first established for the development of Jardínes del Pedregal that envisioned a place where architecture and landscape would communicate with each other. Therefore, all three houses are sheltered within a mature garden. As a visual complement for the houses, a succulent garden appears as a space for contemplation and silence. This garden includes a sculpture by Tezontle Studio that echoes the great pieces of Edward James in the Huastecan rainforest, another modern artist that attempted to establish a profound dialogue between human and vegetal architecture.

Volumes in the house are simple, sustained by the principle of the golden ratio. Columns and windows are in charge of generating rhythm and sequence, at the same time that they offer a perfect amount of natural illumination and garden views. If public spaces in the house point toward the common garden, intimate spaces turn to the private gardens behind each house.

A staircase surrounded by plants guides the houses’ access and accentuates the material presence of the door. The central hall offers a circulating point inside the house. On the first floor, each house holds a living room, a dining room, a kitchen, and a family room. Upstairs, you can find a more intimate family room, as well as three private spaces. The third floor is reserved for a terrace contemplating the vast natural views within an intimate and private space.

Materials selected for the facades geometrically frame the different levels and volumes. Order is created by these means through blocks that delineate spaces between walls and columns, at the very same time that they accentuate the horizontality of the project and generate platforms of different depths. The elegant, hand-crafted work of stonemasonry on the facades assembled through golden ratio proportions give an identity of its own.

By employing local materials, this echoes once again the modernist movement in Jardínes del Pedregal. Balancing the solid foundations of stone, metal and concrete, the use of oak in the interior spaces offers a warm quality, as does the subtle illumination that grants primacy to the open natural spaces of the immediate landscape.



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