Proyecto Centro de Interpretación de Teatro Experimental / Lucio Miraglia, Claudio Romeo, Pablo Zanichelli

Proyecto Centro de Interpretación de Teatro Experimental (Ciudad de Buenos Aires, Argentina) por Arqs. Lucio Miraglia, Claudio Romeo, Pablo Zanichelli. Proyecto fin de carrera realizado en la Facultad de Arquitectura y Diseño, de la Universidad Católica de La Plata. Se plantea una intervención urbana en el predio de la ex cárcel de Caseros (bacante al inicio de la investigación, actualmente destinado al Archivo General de la Nación), que permita rescatar un área degradada y segregada del sur de Parque Patricios, para alterarla e integrarla como parte jerárquica de un eje longitudinal verde en sentido Norte-Sur. Sentimos al sitio como una pieza única, formada por el edificio patrimonial y el terreno a intervenir, levitando entre dos sectores verdes. Es así que se generaran nuevos espacios de ocio, esparcimiento y descanso, dependiendo de la respuesta urbana correspondiente a cada perfil lindero de la ciudad. A la vez se buscará la apertura de la calle Rondeau de modo peatonal, aportando cierta claridad en dos sentidos, y otorgando la condición de edificio de toda cara libre, solidificando así un desafío nuevo con respecto a la relación con el edificio patrimonial.

Adentrándonos en la parcela y a la temática con su programa de usos y necesidades, se busca la óptima organización de los mismos, presentándose una institución de escala urbana respetuosa para con el contexto urbano, y con una impronta peculiar a fin de tejer vínculos entre los diferentes y próximos puntos nodales. De tal forma se busca promover la continuidad en el tejido existente y un espacio urbano espontaneo y fluido entre el predio del Hospital Garrahan, la próxima intervención, la futura re funcionalización del edificio patrimonial y el parque Ameghino.

Nos proponemos la implantación de un edificio con gran carácter sensitivo junto con la búsqueda de la materialidad apropiada, estableciendo su relación con el vacío del espacio público y la mutua vinculación de las circulaciones que intervienen.

Introducción
Hoy, nuestra molesta razón, se encuentra en plena lucha contra nosotros mismos, nos invade, y trata de apoderarse de algo de nosotros. Experimentados en combates, tomamos distancia para así establecer su mensura. Por momentos está y por otros se aleja, algo nos dice que buscamos lograr lo imposible. Es arduo el trabajo pero grata la recompensa. Tal vez se trate de entrar en conflicto con parte de nosotros mismos, proponer resistencia, hablar de determinado despojo. Suena algo agresivo y necio plantearse lo que planteamos, pero no lo es. Existe en nosotros un estado utópico, una impresión, colmar en lo fisiológico de nuestro ser, el puro sentimiento.

Allí en la medicina, lóbulo frontal y prefrontal, Sigmund Freud, Ello, Yo y Superyó, el inconsciente, el preconsciente y consciente, coordinación de pensamientos. Nos creemos seres racionales, permítannos dudar de ello, intuimos que somos seres emocionales que razonamos. Agradecidos del aporte científico de la biología manifestamos que poseemos millones de años de evolución, donde la emoción ha prevalecido y es en los últimos y recientes ciento cincuenta mil años, donde la parte del lóbulo prefrontal se ha desarrollado, junto con el protagónico pensamiento. Por eso la emoción es de nuestro absoluto interés, donde «pienso luego existo» deja lugar a «existo luego pienso».

Buscamos destruir tu conciencia crítica, absorber tu atención, manipular tus sentimientos, abstraerte de tu mundo real y sumirte en la ilusión. Pretendemos hacer vivir al lector de este relato, en el paréntesis mágico de la lectura con total vitalidad de lo artificial, nuestro mundo de lo imaginario.

«Me pase la mitad de la vida preocupándome por cosas que no sucedieron» (Wiston Churchill).

«La vida es lo que pasa mientras estamos haciendo otras cosas» (John Lennon).

Estas dos frases resultan interesantes y direccionan a una sola pregunta: ¿Cuáles son los dos días que no existen? El ayer y el mañana. La esencia del existir es el ahora, domemos nuestra imaginación y experimentemos en conjunto el gran campo de las sensaciones en tiempo presente.

La complicidad y sus secuelas
(La intervención de variados campos disciplinares)

En el proyecto del centro de interpretación de teatro experimental emergieron variadas estrategias para asentar las bases de una investigación multi-disciplinar. El primer lineamiento fue el de emplear los aportes de otros campos disciplinares y adaptarlos analógicamente, al igual que una adaptación cinematográfica de un libro, al proyecto en cuanto a su materialidad y programa de necesidades.

En teoría de los sistemas, la caja negra, es aquel elemento que es estudiado desde el punto de vista de las entradas que recibe y las salidas o respuestas que produce, sin tener en cuenta su funcionamiento interno.

De una caja negra nos interesara su forma de interactuar con el medio que le rodea, apreciando que es lo que hace, pero sin dar importancia a como lo hace. Por lo tanto de una caja negra deben estar bien definidas sus «entradas» y «salidas», es decir, su interfaz, en cambio no se precisa definir ni conocer los detalles internos de su funcionamiento.

En los diferentes tipos de interfaz se encuentra el de superficie, esta nos transmite una serie de instrucciones, nos informan acerca de ella. La superficie de un objeto nos habla por medio de su forma, textura, color.

La psicología se ha apropiado de este término metaforizándolo para señalar aquel componente que se encuentra entre el estímulo y la respuesta (conducta). El término se aplica actualmente a cualquier sistema o mecanismo de contenido desconocido, acerca del cual solo se considera lo que afecta y lo que produce.

Al ampliar este concepto nos surge un interrogante alejado tal vez del género arquitectónico. ¿Cuál es el límite de la poesía? ¡La emoción!

El sentir profundo al leer un poema, implica o trata de un proceso de entrada y salida, implica ingresar a un lugar en el que se incrusta determinada información (estimulo) y se obtiene otra (reacción), sin develar el funcionamiento o mecanismo interno del que está practicando la lectura. A este proceso de entrada y salida del poema y basándonos en un término empleado en teoría de los sistemas, lo denominamos «Caja Negra».

Tras esta amplificación (1) retórica, es posible aplicar cierto criterio conocido, al arte de la arquitectura, y con la precisión que se desprende de esta metáfora poética, podemos definir bajo este concepto al «Centro de Interpretación de Teatro Experimental».

La caja negra constara de un estímulo otorgado por la materialidad conformada en el espacio y ese efecto preponderante, ocasionará cierta reacción, es decir, la sensación, sin ser de importancia cual sea esa sensación ni como se genere interiormente, ya que «la caja negra» en este caso, es representada por el espíritu humano, y cuando se habla de este, inmediatamente la subjetividad de tal hace que determinado efecto le pertenezca, sin un tercero poder padecerlo, explicarlo o predecirlo.

Carbono, Hidrogeno, Oxigeno y otros elementos básicos más, fueron los responsables de que en algún momento exista vida. El aumento y complejidad de ésta, necesariamente llevo a que cualquier masa de orden vital deba conectarse con un sistema nervioso, que coordine la respiración, con el sistema cardiovascular, etc. Y eso lleva inexorablemente a la complejidad neurológica y está a la conciencia. Al explicar este concepto nos sumergimos en los principios del proyecto, metaforizando la actividad neuronal y circulatoria del cuerpo humano, con respecto a los rasgos y tomas de decisiones principales.

El corazón (órgano muscular y principal del aparato circulatorio) del proyecto, yace en las profundidades del mismo. La sala de representación de teatro experimental es quien le da vida al proyecto, justificada su analogía por el uso predominante, y el enfoque indagado. Allí reside la sensibilidad más lograda del proyecto, la parte emocional de tal. En contraposición se implanta el sector racional, es decir el uso educacional del centro de interpretación, «el cerebro», teniendo una extensión aislada en la parte sudeste del predio (la biblioteca). El funcionamiento y disposición fundamental de tales, así mismo su vinculación, es posible gracias a «la vena cava inferior y superior». Si se quiere involucrar el sistema nervioso gracias a «los nervios de la medula espinal» ubicados desde el primero al cuarto dorsal, que vinculan a estos dos órganos primordiales.

Materializándose en la intervención con la idea de calle inferior, la cual se sumerge desde la apertura de la vía Rondeau hasta llegar a la cota menos ocho, rematando con la sala antes mencionada, con posible expansión al vacío enterrado y la idea de calle superior a modo de puente longitudinal, distribuidor-vinculador de ambos órganos.

A esta concepción de lo proyectado se le adhiere el término «programación modular». Este es un paradigma de programación que consiste en dividir un programa de módulos, con el fin de hacerlo más legible. Esta técnica utilizada en teoría de los sistemas también es conocida como «divide y vencerás» o «análisis descendente».

Es de gran ayuda poder aplicar esta técnica de procedimiento ya que somos conscientes de que se creó un programa de necesidades totalmente nuevo e innovador, nunca antes expuesto. Los usos son escogidos en base a la razón de ser del edificio, a lo que este quiere ser. De tal manera optamos por separar las exigencias y resolverlas en edificios aislados, resultando así, el vacío, la distancia, el sonido, y el silencio en el espacio público. Entendiéndose así que la lógica de distribución y organización del edificio, deba proponer una necesaria interacción e imprevisibilidad.

Lo imprevisible, que no se puede prever. Prever, conocer, conjeturar por algunas señales o indicios de lo que ha de suceder. Conocer, experimentar, sentir algo. Sentir, experimentar sensaciones producidas por causas externas o internas. Fuente, Real Academia Española.

El diccionario de la lengua española nos redirige desde lo imprevisible a las sensaciones experimentadas internamente. Eso es lo que el aporte psicológico despertó en nosotros. La situación carcelaria actuó de manera igual a la rectancia en nosotros. La rectancia es una reacción emocional en contradicción a reglas o regulaciones que amenazan o suprimen ciertas libertades en la conducta. La rectancia puede causar que una persona acepte o endurezca un punto de vista o actitud contraria a la intencionada, a la vez incrementa la resistencia a la «persuasión».

Uno de los parámetros de la rectancia es el de fuerza de amenaza: cuanto mayor sea esta, mayor cantidad de rectancia se activara. La rectancia puede activarse cuando se observa alguien experimentar la amenaza de su libertad, y por similitud, también ve uno amenazada su libertad. Es idéntica a la situación percibida, es exacta la semejanza, experimentando una simbiosis terminológica.

Es imborrable la imagen previa a la demolición, ese gigante de hormigón, que atentaba a la libertad. La sensación causo que se tomara partido, al igual que la psicología inversa de optar por lo profundo, lo hundido y enterrado. Acentuando así la justificación, al igual que un diagrama de corte estructural, la decisión de dirigirnos por debajo de la cota cero.

Para concluir con la incumbencia de los variados campos disciplinares, es necesario dar respuesta a uno de los síntomas más representativos y letales que padece la ciudad de Parque Patricios. Hablamos del despoblamiento, comprobado gracias a los últimos censos, los cuales arrojan datos puntuales certeros y confirman que los ciudadanos tienden a abandonar el núcleo urbano. Para contrarrestar esta situación nos enfocaremos en los aportes de la ciencia, en el magnetismo, como modelo metafórico a proyectar.

El magnetismo o energía magnética, es un fenómeno físico por el cual los objetos ejercen fuerzas de atracción o repulsión sobre otros materiales. Un campo magnético en cualquier punto está especificado por dos variables, la dirección y la magnitud, de tal forma que compone un campo vectorial. Al estudiar e indagar se resolvió una semejanza con los ambientes tensionados.

Existen varios patrones o configuraciones que hacen que el individuo sea expulsado o atraído hacia determinada dirección. Tal es así que en la parte sur del lote, mediante las líneas del solado, la insinuación hacia lo profundo y el vacío predominante entre las masas emergentes, se genere una especie de ansia o deseo por ingresar a la intervención. Otro claro ejemplo es el eje circulatorio superior, sobre el nivel cero, ese infinito puente direccionado por las vetas extruidas del hormigón, las sombras arrojadas por las barandas verticales, y el remate de esta circulación pasante por debajo del voladizo de la biblioteca. Más allá de estas configuraciones en cuanto a lo formal, la polaridad entre lo nuevo y lo existente, la elección de los materiales contrastantes a lo tradicional del barrio y la propia escala de proyecto, hacen que la intervención sea un futuro hito para la ciudad, colaborando para que la misma se asiente y establezca una amistad frente a los que la habitan.

Manifestación arquitectónica
La implantación del centro de interpretación es resultado del riguroso análisis del programa de necesidades. Este se divide en dos sectores, el educacional y el de representación, materializándose en dos masas aisladas vinculadas por las impredecibles circulaciones, sumado de una extensión de uso público como es la biblioteca.

Imaginemos el edificio patrimonial de la cárcel como una piedra sobre el rio. Las líneas de fuerza del agua chocan sobre esta adhiriéndose, para luego tomar su ruta. Esta percepción se representa en las circulaciones pasantes del proyecto.

Partiendo del diagnóstico físico urbano, se opta por trabajar sobre el eje longitudinal del lote debido a su continuidad lineal verde, a las circulaciones transversales de gran flujo peatonal, por la propia forma del terreno y su asoleamiento.

La primera interpretación de lo existente resuena en responderle amistosa y respetuosamente al gran paredón de la ex cárcel, tomando distancia, alejándose, provocando la apertura de la calle Rondeau, extendiendo el solado existente adoquinado y generando vacío. Adherido a la cárcel pero sin tocarla se proyecta un transversal espejo de agua, con vertientes que derivan del mismo desmaterializándose hacia lo nuevo, en parte del solado. Es en este gran fuelle donde se encuentra el único punto del proyecto, donde el usuario puede percibir la totalidad de lo que le rodea. Los dos perfiles urbanos, lo existente del edificio patrimonial y el inicio de la intervención, con tan solo el giro en trescientos sesenta grados.

De allí nacen una serie de circulaciones que se ramifican en sentido norte y NNO. La primera fusionada con la vía de la vereda existente sobre la calle pichincha, que se distribuyen hacia los dos accesos principales del edificio educacional en la cota cero, y a la vez se bifurca siendo este tramo el inicio hacia lo profundo del terreno hasta la cota menos ocho y hacia el alma de las dos alas del edificio en la cota menos cuatro. El segundo eje circulatorio parte del punto medio del fuelle cárcel-intervención, este direcciona al usuario hacia la segunda ala educacional sobre la cota cero, siendo su última parte en voladizo. Este divide dos sectores, el primero enterrado en la cota menos uno de carácter orgánico, cubierto por césped, logrando un sector de descansó, con mobiliario en su perímetro. El segundo sector enterrado a dos metros y medio de la cota cero de apoyatura y en medio nivel con respecto al resto bar exterior enterrado a cinco metros del nivel vereda.

Este se concibe como un lugar de contención, con posibilidad de ser usado como comedor exterior y brindando una serie de visuales intencionadas por medio del muro calado. Seguido a esto encontramos la vía que se compone en la unión del fuelle y la vereda existente de la calle Pasco. Es en este punto nodal donde se implanta la biblioteca, con su voladizo sobre esta vía y su acceso hacia el sector administrativo, para dar paso por medio de la circulación vertical al sector de depósito de libros y sala de lectura en el piso superior. Vidriada en la parte inferior y recubierta en la parte superior con una piel de cobre muy característica en todo el proyecto. Al introducirnos por debajo de esta, la circulación se extiende hacia el otro extremo del lote a modo de puente vinculador de paquetes (educación-representación). Debajo de este eje se encuentra la circulación más jerárquica, naciente en el punto nodal compuesto por la vereda existente sobre la calle Pichincha y la apertura de la calle Rondeau antes mencionada. Esta calle vincula alternos paisajes, en la cota menos cuatro se introduce en el vacío resultante de las dos alas del edificio educacional. En parte el lugar es usado de expansión de una de las circulaciones internas del edificio y en su otro aspecto dirige al usuario a la cota menos ocho por medio de una escalera externa, introduciéndolo por parte del edificio mismo que se desmaterializa, para así dar paso a la circulación.

Es en la cota menos ocho donde esta idea de calle se volatiliza en lo vasto del vacío. Este lugar de gran apertura visual, es usado como expansión de la sala experimental, en caso de que determinado espectáculo lo exija. Una rampa con sectores de estar lo rodea, formando así una especie de palco hacia esta gran extensión.

La vía más jerárquica rodea al edificio de representación llegando a establecer una nueva conexión con este en la cota menos cinco, donde se implanta un resto bar exterior enterrado como apoyatura al edificio.

Es sobre la calle Pasco donde se ubica la entrada principal del sector de representación, abriéndose parte del solado para la generación del acceso vehicular. La esquina (intercepción de 15 de Noviembre y Pasco) se resuelve a modo de atrio, con una instalación característica donde la luminaria (elementos verticales) estructuran el vacío. Seguido a ello y girando en torno al edificio encontramos un acceso secundario privado para actores y empleados que trabajan en el mismo.

¿Por qué?
Porque se da respuesta a la necesidades del programa. Porque lo transparente y permeable permite el diálogo con el entorno inmediato. Porque en el espacio público existe un programa de intercambio socio cultural, donde se facilita la práctica de la vida humana. Porque la composición volumétrica permite identificar el edificio y su carácter institucional. Porque con la idea de calle se integra al espacio público al corazón del proyecto. Porque la articulación del programa se da a través de la continuidad de escenas. Porque no existe algo significativo desde lo arquitectónico para tomarse o respetar que no sea la cárcel vieja. Porque el diseño urbano y arquitectónico como conector permite incorporar definitivamente el área a la continuidad del tejido urbano a la ciudad.

Porque se refuerza y potencializa el eje longitudinal. Porque se modifica la actividad de la zona y busca ser un nuevo polo público. Porque al igual que el teatro experimental no existe un recorrido establecido u obligatorio. Porque el edificio se incrusta en la plena llanura creando una topografía subterránea, borrando el límite entre el terreno y edificio. Porque se promueve una escuela de creadores. Porque la estructura alargada se extiende en paralelo a la calle, lo que aporta una presencia pública destacada. Porque la hilera de árboles, más el retiro de línea municipal permiten amortiguar la contaminación sonora. Porque el lenguaje y materiales contemporáneos unifican visualmente los diferentes volúmenes.

Porque se aprovecha el poco tránsito de la calle Pasco, el sector degradado morfológicamente y el poco flujo circulatorio, para implantar el acceso principal del edificio de representación, en busca de la rehabilitación del mismo. Porque el revestimiento perforado permite que la luz penetre en el interior expandiéndose por todo el edificio. Porque el cobre refleja la luz solar del día contrastando con lo existente. Porque propiciara una estupenda patina con el paso de los años a modo de continuidad verde con el eje longitudinal de vegetación. Porque el cobre es complementario con los materiales tradicionales como el ladrillo, la madera y el vidrio. Porque cobra vida al cambiar de color y textura, del rojo al marrón y del marrón al verde. Porque el material dialoga con el blanco y rojo de Huracán, con la arquitectura ladrillera, con la arquitectura hospitalaria y los edificios al estilo Movimiento Moderno, estableciendo una conexión pasado-futuro, apoyado en los contrastes de colores y texturas.

Porque según quien lo perciba experimentara el rojizo del cobre contra el blanco, el cobre verde con el rojo ladrillero o ambos rojizos, mutando tras los días. Porque se aprovechan las vías transversales más concurridas para atraer usuarios. Porque el nodo tensionado en la intercepción de 15 de Noviembre y Pichincha (zona de transbordo y bici senda), es absorbido por la toma de esquina con diferentes opciones de ruta. Porque se renueva la luminaria, el mobiliario y se proponen usos gastronómicos públicos para el uso del que lo habite. Porque se facilita la accesibilidad con respecto a los discapacitados. Porque con el uso que se propone, el polo artístico y la infraestructura para el aprendizaje y la expresión del mismo, se contra responde a la situación actual.

Porque con el arte experimental se traduce con el propio cuerpo, humildemente, lo que uno es, lo que uno siente en ese momento. Porque hacer arquitectura, es mostrar lo que uno tiene adentro, y sacarlo hacia afuera, con un lenguaje que es el del arte.

Distribución y organización de usos

Sector educacional
En la cota cero el edificio se abre en sus dos alas, con sus respectivos accesos principales, orientados hacia el paredón de la ex cárcel, percibiendo tras su piel permeable los núcleos circulatorios verticales que vinculan todos sus niveles. Al ingresar y dejar atrás la recepción se ubica la circulación horizontal que distribuye en forma de peine el resto de los usos. Una serie de aulas convencionales con patios exteriores en sus lados cortos, la separan del bloque de sanitarios para alumnos permitiendo a estos bloques el mayor ingreso de luz natural y la optimización de la ventilación. En el extremo del ala narrada se encuentran dos aulas más, flexibles con una serie de paneles móviles en caso de necesitar la expansión del ambiente. En la intercepción de las dos alas se encuentra el acceso secundario con su respectivo núcleo circulatorio vertical, compartiendo el ambiente con un tercer acceso proveniente del puente exterior.

En el paso de ambos accesos se halla la administración, orientada al nor oeste, compuesta por dirección, secretaria, tesorería, contabilidad y los sanitarios privados correspondientes. Seguido a ello y recorriendo el eje circulatorio horizontal de la segunda ala, se dispone entre patios externos el segundo núcleo de sanitarios para alumnos y próximo a estos dos aulas taller flexibles. En la planta superior (más cuatro) sobre el ala que emerge, la organización se repite, sin embargo en la intercepción con su próxima, esta desaparece dando lugar a la gran terraza accesible.

Al sumergirnos en la planta menos cuatro el ala lindera a la calle Pichincha, deja lugar a su estructura superior, para dar espacio al sector de exposiciones permanentes, junto con su expansión exterior donde al pasar por uno de los miradores rodeado de dos piscinas llenas de agua, se encuentra un lugar destinado al descansó sobre el verde. En su extremo nor oeste se dispone un bloque de servicios compuesto por la sala de máquinas, apoyatura de servicio y la enfermería. El ala siguiente aledaña a la circulación pasante inferior y superior (puente), respeta su estructura superior, alternando el ambiente de administración por el comedor del restaurant, que trabajara en conjunto con los usos de la planta que le sigue.

Es en la planta menos ocho donde parte de su estructura desaparece por completo, dejando lugar al paquete de servicios, compuesto por una segunda sala de máquinas, la cocina, su depósito, y sanitarios para el personal. En el ala siguiente se ubica parte del comedor del restaurant con expansión exterior y el núcleo de sanitarios correspondientes. Parte de la estructura de la planta desaparece para dar paso a la circulación exterior que la atraviesa, generando así un sector de estar semi enterrado. En su extremo y de manera aislada se ubica la sala de ensayos con su respectivo depósito, facilitando el uso conjunto con el edificio enfrentado de representación.

Los usos se diferencian del paquete de circulaciones, con respecto a lo morfológico, ya que estos últimos son recubiertos por una piel de vidrio que permite que la claridad invada al edificio. En cambio en los paquetes que se le injertan, una piel de cobre micro perforado, tamiza la luz dejándola pasar en determinados momentos del día y bloqueándola con una serie de parasoles retractiles a modo de apertura y cierre, implantado donde se ubican los aventanamientos. En el vacío resultante entre ala y ala se encuentran adosados a las circulaciones correspondientes, una serie de expansiones – miradores, que comunican ambos ejes longitudinales, por medio de unas escaleras muy características. Con el fin de acortar caminos y brindar lugares de estar una vez terminada las clases diarias.

Sector de representación
El acceso principal se abre hacia el este en la cota cero, tras la tensión del solado adoquinado para facilitar la entrada de vehículos. Al acceder y reconocer los dos grandes pilares de acceso tras el vidrio, se encuentran en un volumen que emerge hacia el exterior, la recepción, boletería y guardarropas, este último en dos niveles. Anexo a ello se dispone el núcleo vertical de ascensores.

La circulación horizontal se dispone en forma de «T», uno de sus extremos nos comunica con una rampa colgante que vincula todos los niveles hasta llegar a la cota menos ocho, y cercano a esta uno de los tres accesos a los palcos de la sala experimental. El extremo restante tiene su remate en un acceso secundario proveniente del puente externo. En este tramo de circulación se hayan a la izquierda el núcleo vertical de sanitarios públicos, casi exento por sus triples alturas perimetrales y una serie de escaleras que rodean al mismo vinculándolo en todos los niveles. Por otra parte a la derecha se ubican los dos restantes accesos hacia los palcos. Estos en la cota cero compuestos por dos hileras de butacas y balconeando a la gran escena central, ya dentro de la sala experimental.

En el extremo este de la gran masa se haya un tercer acceso privado para actores y personal con un núcleo de circulación vertical privado. En la planta menos cuatro la estructura de la planta se respeta pero con una serie de modificaciones. Lo que en la cota cero era el acceso principal pasa a ser una sala de estar-foyer, servida por el volumen antes descripto pero con los usos de guardarropa y office de limpieza. En esta planta los palcos poseen tres filas de butacas, expandiendo su capacidad. Aledaño a la sala de estar se haya un acceso hacia el exterior, descendiendo a la cota menos cinco, con una apoyatura gastronómica.

Al descender a la cota menos ocho la estructura de la planta sigue repitiéndose, pero en este caso la que sufre la mayor modificación es la sala experimental. Los palcos desaparecen al ubicarnos en la sala propiamente dicha, en la cual los usuarios permanecen de pie. En la forma de «L» que se disponía las butacas, ahora existen la sala de video, audio y luces que se vinculan con el núcleo circulatorio privado, y en su otro tramo de manera aislada el depósito de utilería «con paneles móviles», para de esta forma servir al espectáculo y su escena. El espacio central de la misma está delimitada por una serie de paneles corredizos, los cuales permiten que la escena se prolongue o crezca hacia el exterior (esta es servida por unos sanitarios públicos externos enterrados). En dicha planta el foyer interno se expande, ya que parte de la rampa queda colgando y la apoyatura de este (volumen cubico) se compone de enfermería, administración y office de limpieza.

En la cota menos doce la planta es accesible solo a personal privado. Posible su entrada desde el núcleo circulatorio vertical orientado al nor oeste, (dicho núcleo es quien posibilita el acceso al piso técnico superior, aislado a cinco metros y medio por encima de la cota cero). Al descender la circulación horizontal nos posibilita el llegar a los camarines depósitos y sala de máquinas.

Memoria teórica
«Al ser humano se le están cerrando los sentidos, cada vez requiere más intensidad, como los sordos. No vemos lo que no tiene la iluminación de la pantalla, ni oímos lo que no llega a nosotros cargado de decibeles, ni olemos perfumes, ya ni las flores lo tienen». (2)

Esta es una breve pero muy significativa abstracción del ensayo la resistencia, cuyo autor es el escritor Ernesto Sabato, la cual ha sido de gran ayuda literaria, tomada como disparador de la actual teoría de proyecto. La cita nos transmite cierto estado de alerta del autor, publicada hace 16 años atrás, a principios de siglo, existía un sublime exponente Argentino preocupado por la problemática sentimental. Sabato despierta en nosotros el interés y la búsqueda reaccionaria frente a tal crisis espiritual, es así que sostenemos que el arte, de todo el accionar del espíritu humano, es el único que nos posibilita no solo la expresión de tal crisis, sino tal vez una alternativa para despertar lo sensible del hombre.

Para establecer las bases de las lógicas proyectuales y establecer conexión entre el enfoque indagado y el proyecto arquitectónico, es necesario definir un concepto analógico, una terminología que nos permita transmitir lo proyectado.

Nos introduciremos en la definición otorgada por la Real Academia Española a cerca de la palabra «Conjuro», cuya explicación se describe como la fórmula mágica que se dice, recita o escribe para conseguir algo que se desea. Al extrapolar este término a nuestro campo, instauramos la idea de pensar en conjuros físicos arquitectónicos, los cuales no constituyen una acumulación de palabras en combinatoria, con el uso de determinados ingredientes y gestos.

Sino que son conformaciones, estructuras, composiciones, impuestas por el hombre «mediante su acto creador» ubicado en tiempo y espacio. Son configuraciones establecidas por medio de la intervención del espíritu humano con el mundo de lo dado. Estos conjuros físicos son los responsables de arremeter, a través de sus encantamientos, la sensibilidad del hombre. Excitarlo, apaciguarlo, sosegarlo, mitigarlo, abrumarlo, deslocalizarlo, conmoverlo, etc. Se trata de transgredir, quebrantar, retorcer, exprimir, vulnerar sus sentimientos a través de la arquitectura y el uso artístico del proyecto. Afirmamos que al conjuro de las siguientes composiciones se presenta un enjambre de sentimientos a experimentar.

Al amanecer, la expansión en desnivel con la llanura de la cota cero, despierta con sus colores rojizos, caobas y marrones del cobre, amalgamados con los grises de la oscuridad misma. Estas tonalidades tienden a variar sus valores, alternados según la luz incidente y el horario del día, transmitiendo una «calidez» particular con degrades a lo largo del tiempo. Dicho centro de simplicidad se completa al momento en el que la luz solar se remite hacia los planos fragmentados, realzando sus texturas a modo de rostro oculto, que con el paso de los minutos se van develando más y más sus rasgos característicos.

En estas imágenes los rincones juegan un papel fundamental con respecto a la configuración de la masa, en el sentido proxémico ligado al material y al plano. Las escalas son distintas al circular, al alejarse y al acercarse, al contemplar la vastedad y lo inmenso del mas allá. El rasgo en la configuración es la extrusión del plano, creando así un rincón de menor escala, un especie de cobertor que cubre por partes el mobiliario dispuesto en el perímetro del lugar. De manera tal, al aproximarse sobre el muro calado, nos apropiamos del lugar frente a lo inmenso que nos rodea y el vacío infinito que se encuentra por arriba nuestro.

La escala en la composición permite relacionar al sujeto con su entorno inmediato de forma armónica, ya que sentimos «seguridad, contención, protección», leemos la caracterización de lo íntimo y nos facilita el tacto inmediato, lo que conlleva a poder tocar lo que nos rodea percibiendo la arquitectura desde otro sentido. Esta materialización en el espacio, nos expresa la noción de casa asimilada en hojas anteriores.

Esta disposición se complejiza físicamente al observar las tramas regulares de la rejilla de cobre, con sus diferentes separaciones que tamizan la visual hacia lo que se ubica más allá de esta. Aledaño a este plano, pero aislado por el vacío en su parte superior, una nueva trama de líneas irregulares provenientes del puente nos desenfoca la visual y rompen con el sentido liso o solido de los elementos más cercanos. Tras estas dos variables se recomponen el edificio de representación percibido hacia lo lejos, de manera alternada de acuerdo a la superposición de rejillas, vidrio y el vacío mismo. La sumatoria de estos elementos generan situaciones alternas, son panoramas que se abren al ojo del observador, se trata de bucear en el silencio que nos transmite la imagen.

En la imagen inferior se aprecia el trabajo acerca de la tamización de la luz. Esta se filtra, al igual que el agua en un colador, proyectando sobra gracias al patrón de la rejilla de cobre. Este paisaje nos habla del transcurso del tiempo, de la densidad del mismo, ya que al pasar las horas el efecto y la iluminación varían.

Al mismo tiempo la luz incide sobre el solado realzando su textura rugosa. La misma ralentiza la caminata, nos detiene el paso es más lento debido a la fricción de la textura y el calzado. La combinatoria de estos elementos denotan serenidad, calma, tranquilidad y soledad. Estos efectos, el lugar, nos hablan a cerca de lo que se alberga, una atmosfera distinta y dispuesta para una persona diferente a la que elije situarse en la vastedad del vacío.

Nos encontramos aquí en un paisaje distinto, característico y puntual en el proyecto. Son los dos apoyos del puente vinculador superior sobre la cota cero. Sentimos que se trata de una atmosfera que salió disparada, compuesta muy rápidamente, con una gran carga emotiva, difícil de describir, es particular.

Descubrimos un color, un valor, en ese conjuro físico, que no era explosivo o abrumador como en otros, y que nos hacía bien poder implementarlo. Nuestro eje por un momento se corrió, necesitábamos expresar otros estímulos que habíamos padecido, era algo que teníamos que arrastrar hacia el proyecto.

El puente vincula, une, comunica, establece relaciones, nos habla acerca del vivir en comunidad, de habitar y compartir momentos en conjunto. Sin embargo por debajo ocurre algo muy distinto. La estructura no solo es estructural, y resiste cargas superiores, sino que se diseña, es por eso que se plantea una instalación de gran escala vertical, que recorre todos los niveles enterrados, exenta en el vacío, en las profundidades. Implantada en el centro de la circulación verde, en ese gran eje de intercambio social, donde por momentos al ingresar dentro de los apoyos pasa algo distinto: nos transporta a otro lado, es en ese momento donde la polaridad se acentúa, en el cambio de escalas. Es en este centro de simplicidad donde se aprecia la magnitud de «la ruptura entre pasado y presente, que se digiere de forma nostálgica».

En esta gran caja calada, aparecen por partes rasgos simples, pero profundos. Contemplamos la textura percudida del hormigón, áspera, rugosa y de color blanco, sin embargo la sombra y su oscuridad intensifican su tonalidad a otro valor. Es un taller de luces, en donde pareciera que durante las diferentes horas, las proyecciones de los hierros, y las caladuras, se fabrican de distintas formas.

La luz protagónica en esta atmosfera, incide generando esos rayos crepusculares, transmitiendo «efectos fantasmagóricos». Al introducirnos en este sector por una pequeña apertura sentimos «estar atrapados, rodeados, pudiendo ver por momentos hacia afuera y por momentos no». Esas caladuras nos trasmiten diferentes escenas visuales, distintas en los trecientos sesenta grados, cambiantes e imprescindibles. Este centro de atracción en el medio del vacío, nos genera «ansiedad, ganas de querer introducirnos en dicha instalación». Una cuota de misterio se hace carne antes de experimentar lo desconocido, pero es en el instante donde por una de las caladuras se aparece la ex cárcel de Caseros, cuando respiramos esas sensibilidades que nos transmite la arquitectura.

Al circular por las profundidades del proyecto, valoramos el sentido de lo profundo, «nos sentimos contenidos» por los planos verticales de las masas aledañas, la noción de casa es descripta al contemplar lo proyectado junto con los árboles. En ese instante el espíritu descansa, apreciamos el aspecto de lo bello, de lo puro. Imaginemos la música de las hojas de los jacarandas, el perfume que nos ofrecen los fresnos, esto exalta lo que es propio de ese lugar, es un gesto de cortesía que rompe con la orfandad sentimental.

Los paisajes son alternos durante las distintas estaciones, cuando el sol aparece y desaparece las atmosferas varían. Las sombras se proyectan en los solados y muros profundos, las siluetas de los arboles opacan la claridad del solado y aterrizan en partes en el interior de los edificios. El color de las flores se complementan con la tonalidad del cobre rojizo en tiempo presente, y futuro al obtener su patina verdacea. El sentido de lo escurridizo lo vemos en el verde de la vegetación que continúa sobre el plano vertical del volumen sanitario, gracias a la relación interior-exterior que posibilita la transparencia del vidrio. Esa continuidad orgánica se potencializa con el uso de la madera. El mobiliario exterior, su textura rugosa y color generan una «calidez» particular que penetra en el interior del edificio de representación, al observar la escalera de madera que se aferra en el muro verde.

La intención de generar un paseo verde inmenso a escala humana, familiar, manso, que pueda ser gozado y cuidado, nos deja entrever un gran centro de atracción para la sociedad. Si comprendemos al edificio educacional como un organismo compuesto por dos alas longitudinales, de las cuales las circulaciones verticales se encuentran en sus extremos, estamos preparados para experimentar lo que sucede en el corazón de ambas alas, en ese vacío predominante que se limita por los corredores longitudinales y sus miradores-expansiones que se asoman hacia afuera para generar un «algo experimental».

Al referirnos a las siguientes imágenes, exponemos la dualidad predominante y el trabajo riguroso de la polaridad de atmosferas. Son situaciones, momentos, efectos, materiales que nos susurran y otros que nos gritan. El que predomina en estos paisajes es otro, como si el puro sentimiento se apropiara de nuestro ser. Nosotros nos hicimos caso a nosotros mismos al componer estas configuraciones, con el fin de que los que están allá emparden una sensibilidad en común.

La «frialdad» en contraposición de la «calidez», el agua y el fuego, la noche y el día, el rojo y el azul, son valores que están impresos en el aire. En la primera imagen narramos la composición exterior, conformada por puentes vinculadores de hormigón. Esta «impresión fría», hasta con un leve grado de «tenebrismo», se da por medio de los parantes estructurales de hormigón veteado al desnudo, el punto focal de donde es sacada la imagen, inmersa en una piscina exterior debajo del agua, los reflejos de luz artificial color blanco pálido que se transmiten desde el interior del edificio, los grises predominantes de los parantes de metal congelado, que se perciben como un conjunto de estalactitas de hielo adheridas al puente, la textura árida con su rebaba afilada propia del metal, inalcanzable de por cierto prohibiendo su tacto a estar a alturas elevadas, los reflejos azulados propios del agua en movimiento sobre los planos horizontales en ascendencia-descendencia y las sombras y brillos precarios en la noche, provenientes de la luz artificial interior a modo de linterna. Este conjuro físico representa un claro ejemplo de la complejidad física transmitiéndonos un «todo apabullante».

En las antípodas de materia sentimental nos encontramos con la segunda imagen, ya en el interior de esas comunicaciones, con un centro de simplicidad claro y sencillo. La luz del día, incidiendo por esos parantes de textura rugosa, atravesando el cristal frio por fuera, pero ardiente por dentro gracias a una lámina de color rojiza anaranjada. La escala vertical ascendente descripta en el exterior ahora da paso a lo horizontal, la proyección de luz cálida y las sombras teñidas de calor que actúan con cierta reverencia hacia los escalones calmos de color claro, como si se dejasen caer hacia el solado, adaptándose a cada filo de cada escalón.

Esa sensación de «cuando uno espera algo y luego encuentra otra cosa», te atrapa lo podes sentir. Al llegar a este lugar, la arquitectura te habla de cierto «sosiego», te prepara para que luego incidas en los puentes, y te acompaña mostrándote lo rugoso de los parantes exteriores pero dejándote tocar lo liso y llano del vidrio, sin saber con qué ni con quien te podes encontrar en ese recorrido angosto y acotado, permitiéndote la visual por tramos hacia el exterior e introduciéndote en un estado dual donde la incertidumbre y la seguridad se encuentran en un mismo plano.

Nos ubicamos aquí en el gran atrio del edificio de representación, sector de reposo de recibimiento en la toma de esquina. Reconocemos la horizontalidad del edificio en sus dos versiones, un edificio apagado de colores neutros al término de un día nublado, la monocromía grisácea que se destaca sobre el panorama, y a la vez en su otro aspecto tropical y abrazador sobre un amanecer modelo, el edificio renace en sus tonalidades, texturas y formas.

Aquí el manejo de luz y sombra son de primordial importancia para la conformación de un centro de atracción definido. En la imagen viva, al amanecer, con las personas presentes, la luz toma presencia en la zona alta del edificio realzando la textura y el color del metal, en combinatoria de la proyección de la silueta de la vegetación, esas sombras que repercuten en el interior del mismo al atravesar los cristales. El vacío predominante, la holgadez, y lo vasto se estructuran mediante una serie de parantes lumínicos de diferentes alturas, acompañados por el mobiliario naciente del mismo solado, en partes que se abrazan a los mismos. Esta atmosfera nos transmite cierta «tranquilidad» y protagoniza el ámbito para «la repercusión bachelardiana, es decir, conformadora de resonancias y servicial a la reflexión». El cemento texturado del solado pareciera cobrar vida, intensidad, al recibir la luz del día, se enmarcan una serie de reflejos a primera plana que potencializa la traba irregular del mismo. Estas sutilezas, la materialidad, estos efectos parecieran que enaltecen con su carácter determinado aspecto o sentimiento del hombre. «La serenidad, lo que nada perturba, paz y ansiedad» por descubrir el edificio que emerge tras la distancia.

A su vez la arquitectura se mimetiza con el estado climático, al igual que un camaleón camuflándose, se aprecia la variación del efecto en un día nublado, pareciera que estamos frente a un ente vivo que sufre de hipotermia, tras padecer un día ventoso. El edificio se apaga, en la oscuridad y con las luces artificiales ignorándolo, el mismo se vuelve morado, violáceo, como si se estuviese por enfermar al enterarse que el espectáculo del día ha concurrido y los individuos parten hacia otro lugar. En el interior de una de las aulas flexibles del centro de interpretación entran en juego términos como el compromiso, la disciplina, la templanza, la responsabilidad, el esfuerzo, la curiosidad, dentro de un mismo sistema llamado transmisión de conocimientos.

La decisión basada en desarrollar, favorecer y fortalecer este sistema parte en base a la composición de centros de simplicidad que fomenten la noción de casa. Para generar estos conceptos se escoge la madera, compatible con el uso y correspondiente al sentimiento. El color ámbar, derivado del amarillo, de los paneles de madera en el cielorraso, acompañado del veteado propio del material, se desvanece hacia la oscuridad en los encuentros con el plano vertical, por medio de una leve separación. Láminas de cobre pulidas se adhieren a las formas lineales del cielorraso reflejando los brillos y efectos provenientes del solado. Este último color beige, de madera texturada a la vista, pero suave como el terciopelo gracias al tratamiento plastificado, lo convierten en un compuesto flexible con respecto al uso y a su valor estético. El cobre reaparece como material fuerte, estable y perdurable en las barras fijadas al suelo, proporcionando «seguridad» al que las use, al mismo tiempo que en las luminarias de luz cálida y las puertas de acceso con vidrio esmerilado. Otro elemento primordial en este conjuro físico son los espejos fijos de danza tipo «fígaro» que proporcionan una sensación de «amplitud» en el ambiente.

La luz natural atraviesa el tamiz micro perforado del cobre exterior realzando las texturas de la madera, transmitiendo «calor» al interior del ambiente, conformando esos efectos fantasmagóricos, cargados de misticismo. La materialidad se esmera por causar una «sensación» de relajación, a modo de hechizo, que se somatice en forma de disminución de la presión arterial, en quien experimente estos paisajes, como si la arquitectura ayudase o fomente a la concentración del alumno y el profesor.

Las distancias se hacen largas, el tiempo cobra otros valores, al igual que las canciones que en un momento paran, y hacen silencio. Cualquier compositor musical nos diría que tocar notas es dentro de todo sencillo, lo difícil es no tocarlas, se trata del espacio, del vacío o distancia que hay entre dos notas. El silencio que ocurre entre una nota que te deja… esperando la otra. Ese mismo estado es el que se quiere promover en el espacio medio entre la «sensación» y la percepción. Y para poder demostrarlo una vez más lo definimos en esta humilde imagen.

Por debajo de una de las salas del edificio educacional, en lo subterráneo del proyecto, en el eje de una circulación pasante que atraviesa dicho edificio encontramos esta situación, en una noche de torrencial lluvia, el solado se desvanece para configurar un mobiliario contenedor. En esta composición la escala define el espacio proxémico a habitar. La horizontalidad predomina frente a la verticalidad, esto transmite cierto aire de «reposo, descanso», potencializado frente a lo estático del lugar con respecto a la lluvia, esa «sensación» de permanencia en un sector que nos «protege» frente a los agentes externos. Al contemplar la textura del solado reconocemos el trabajo de la luz artificial realzando la misma, y generando sombras alternas. La escena de remate consta del edificio de representación sometido al agua, con ese efecto linterna producido por su luz interior, colmado de color gris. Sin embargo, el trabajo de la luz direccional enfocada a la vegetación exterior, acentúa el color violeta y verde destacando lo propio del color y proyectando sombras rítmicas sobre el metal frio del puente superior. Por ultimo consideramos el estrecho espejo de agua proveniente de un receptáculo exterior superior de mayor escala, siendo remate de una leve cascada provocada por el cambio de nivel del solado, que divide o fragmenta visualmente el paisaje, y nos hace reconocer el equilibrio propuesto en la composición, la armonía en la organización, la estructura compositiva a través de un eje de agua, que a la vez otorga un sonido artificial (cascada de agua) complementario al sonido natural de la lluvia. Esta complejidad física de la composición, hace que nos succione, que nos tire dentro de una especie de agujero negro, donde esa sensación, ayuda a que te metas en arquitectura en estado puro.

«Así, aquel par de suecos, aquella vela, esa silla, no quieren decir ni esos suecos, ni esa vela macilenta, ni aquella silla de paja, sino Van Gogh, Vincent: su ansiedad, su angustia, su soledad, de modo que son más bien su autorretrato, la descripción de sus ansiedades más profundas y dolorosas» (…) «Como si esos objetos fueran temblorosos y transitorios puentes para salvar el abismo que siempre se abren entre uno y el universo, símbolos de aquello profundo y recóndito que reflejan, indiferentes y grises para los que no son capaces de entender la clave, pero cálidos y tensos y llenos de intención secreta para los que la conocen. Por qué el hombre hace con los objetos lo mismo que el alma realiza con el cuerpo, impregnándolo de sus anhelos y sentimientos, manifestándose a través de las arrugas carnales, del brillo de los ojos, de las sonrisas y de las comisuras de sus labios». (3)

Gracias a estas dos citas extraídas del ensayo «La Resistencia» evaluamos lo que expresa Sabato, y sostenemos que sucede lo mismo con las letras de diferentes canciones, cuando uno las escucha en momentos diferentes y se puede leer detrás de las mismas, la vida, lo que pasa en un país, cosas que tienen que ver con la gente, con los estados de ánimo. Esto que sale naturalmente pasa quizás involuntariamente en la arquitectura misma, y tiene que ver con la necesidad de expresión, sin pensar en el hecho artístico en si, sino en la manifestación de poder hacerlo. Eso es lo que nos pasa y lo que creemos que sucede en estas dos imágenes. A la vez fortalecemos este concepto con la siguiente cita: «El contacto con cualquier obra humana evoca en nosotros la vida del otro». (4)

Estas atmosferas nos transfieren esa «sensación de tenacidad, de tesón, de perseverancia, frente a la adversidad, infortunio, desastre o contratiempo».

La lluvia, la noche, lo nublado, la oscuridad, el adoquinado, lo gris, la opacidad, lo denso, generan una carga más profunda, tanto en la terraza desierta, como en el fuelle entre lo nuevo y lo existente, la voz y el sonido, ahora no tienen sentido, el silencio que predomina lo es todo. Estos centros de simplicidad que recorren desde las propias emociones hasta la representación quizás involuntaria del mundo que nos rodea, nos hace detenernos mientras el paso de la aglomeración avanza. Son instantes que atentan contra la fragilidad del tiempo. La densidad de la materia, la selección material, la luz artificial que se filtra a través del tamiz rítmico del mobiliario, el vacío resultante, tienen la virtud de «dejarnos mudos».

Los permisos de la sensibilidad seria el titulo correspondiente a estas dos imágenes próximas. Lo que nos sucedía como proyectista de conjuros físicos, es que estábamos envueltos dentro de una misma estética arquitectónica, y no nos despegábamos de ella. Es posible que con esa misma sensibilidad, con las que creábamos paisajes variados, nos estábamos perdiendo de otras cosas y lo que nos paso es que fuimos acercándonos a otras cosas.

Nos dimos ese permiso y lo incorporamos, en donde el poder, el éxtasis, la apnea sentimental, no estaba solamente en lo cargado de decibeles, en lo abrumador, en lo violento, sino también en lo más chiquito, en lo sencillo, en lo esencial. Nos referimos a casi la pérdida del miedo al silencio. Hablamos de cuando logras con casi nada, que algo flote, se trata de perderle el miedo a caminar por esa cuerda floja, olvidarte que esta el vacío y transitarlo, es decir, se trata de la potencia o importancia de lo poco de la nada.

Estos centros de simplicidad nos trasmiten cierto «despojo, el olvido de lo cotidiano». Apreciamos como la luz se filtra a través de lo traslucido del vidrio. Arrojan efectos diversos sobre el interior del recinto y de esta manera se desarrolla la sensación de «misterio» tanto en el exterior como en el interior. Las sutilezas en encuentros, en los detalles donde la mampostería se abre para que la luz, al igual que un ataque en línea de esgrima penetre por el vacío para enaltecer la calidad de la textura y color del hormigón ranurado. El trabajo de claroscuros, las sombras en la escalera de madera opaca, y nuevamente la luz que enmarca el paso sobre los peldaños de color blanco suave. La textura una vez más presente en la baranda solida de madera, oculta desde lo visual, pero reconocible desde el ámbito háptico, nos separa y aísla frente a lo frio del vidrio. Ahí el aire se hace denso el tiempo se comprime, sentís el oxígeno golpeando el vidrio.

Inmersos en la circulación diagonal pasante más jerárquica del proyecto, sobre la cota cero, se encarna la polaridad. La velocidad y lo estanco, lo cálido y lo álgido, lo llano o pulido, y lo áspero o arrugado, lo silencioso y lo disonante. Las líneas infinitas del solado gris, nos «impulsa a circular, nos empujan a recorrer la arquitectura,» su textura rugosa nos «asienta y asegura a él», el color sobrio y apagado en complemento a lo rítmico de las barandas «nos estructuran y estabilizan en el recorrido». El mobiliario con luz propia, nos invita al «descansó», «nos frena e interrumpe». Los parantes de las bandas hacen que «nuestras manos al circular retumben, perturbando el movimiento». El color lacre del cobre emana «calor», como si camináramos por medio de radiadores. Su microperforado interrumpe la visual izquierda, transmitiendo «aires de misticismo en su interior y en su parte superior» al ver que la baranda continua en lo ascendente sin asomarse nada ni nadie.

Por el contrario por la derecha la escala del edificio de representación, se destaca jerárquicamente para con el volumen opuesto, el vidrio transparente devela lo que pasa en su interior, diferenciándose la materialidad de ambos edificios según el uso. Además el sol del atardecer ataca por la derecha introduciéndose por lo translucido del vidrio, rebotando y reapareciendo en los brillos del cobre pulido, reforzado aún más esos aires tropicales.

Pareciera como si estuviésemos flotando en una estructura infinita y lineal, donde las masas aledañas y sus escalas nos contienen en una especie de campo magnético ya que los toques son sutiles y el despegue predomina. Aires de «rareza sentimental» habitan en quienes experimenten estas imágenes, llamados a moverse con rapidez, o simplemente detenerse y contemplar lo antes descripto.

La rampa experimental conforma uno de los centros de atracción claves dentro del proyecto, implantada en el interior del edificio de representación, siendo de gran utilidad para el abastecimiento de usuarios a todos los niveles, especialmente al de la cota menos ocho donde la escena se lleva por completo. La composición se conforma de una rampa colgante por medio de tensores anclados a la cubierta espacial superior y el muro de hormigón vertical. Al llegar a este ambiente reconocemos el color sangre alarmante del solado metálico que continua durante toda la rampa desmaterializándose a modo de rejilla tamiz. La rampa pareciera flotar en el espacio ya que en la escala vertical del ambiente no se adiciona ni toca ningún plano, además el plano superior metálico refleja su silueta generando una sensación de amplitud, fortaleciendo la independencia de la misma.

A la derecha un gran plano de vidrio recorre todos los niveles permitiendo la entrada de luz al lugar. Una serie de rayos crepusculares invaden el ambiente atravesando la rejilla metálica y proyectando unas diminutas sombras sobre el muro pálido de hormigón con beta símil madera. En el fondo nublado se encuentra el mural significativo, trabajado en relieves y colores de forma abstracta, es reconocible en los tramos de descansó de la rampa y tanto en el inicio como en el fin de la misma de forma más completa.

Dentro de esta instalación, a modo de laboratorio de sensaciones, el usuario podrá sentir en tramos cierto «ahogo» a causa de la escala reducida, de los planos ciegos que se le aproximen, de la oscuridad en los extremos de la circulación; «inestabilidad» al caminar y sentir que las plataformas se mueven muy levemente con el paso de la multitud; «incertidumbre y asombro» al contemplar la opacidad y los brillos en fusión con extraña textura del metal y en contraste con lo tornasolado y cambio de color.

Estos panoramas nos acercan al umbral del campo experimental y de las sensaciones causantes, donde la rampa es un elemento totalmente inusual y cambiante, situado en medio del vacío mismo. Estas atmosferas arden, si se les aplica la chispa adecuada.

El sector de exposiciones es asentado en lo recóndito, en lo profundo, allí donde la luz casi no habita. Se trata de una zona extensa donde lo el vacío predomina, donde la escena se completa con la intervención creadora del hombre.

El panorama cargado de negrura, lobreguez, nebulosidad, se abre a la ambigüedad, a la abstracción y al enigma. Se complejiza físicamente el conjuro físico para motivar y despertar determinadas sensaciones.

Una aglomeración de campanas a modo de linternas caladas sobre la losa, dan paso a los haces de luz que puntualizan rasgos alternos del lugar. En determinado horario la textura árida y rugosa de los agujeros despierta, llamando nuestra atención y dando al lugar al juego de claroscuros y contrastes entre luz y sombra. Una serie de paneles curvos de acero corten se disponen en el lugar haciendo posible la circulación por dentro de ellos, facilitando el tacto de la textura degradada y oxidada, y la visual de la gama de anaranjados. La intervención de los haces sobre el plano, cargan de sentido al lugar, esa luz puntual resalta la característica del acero corten, ocasionando la penumbra sobre el material. La escultura aislada con su sombra proyectada en el solado y sus realces en las formas debido a la incidencia de luz, aumentan la potencia de esta atmosfera. La totalidad de la configuración nos habla acerca de lo «castigado, de lo corrido, de cierto rendimiento enigmático». Sus efectos a «modo de acertijos, donde cada uno subjetivamente siente la respuesta correcta».

En los panoramas interiores del edificio de representación, las circulaciones que abrazan a los palcos interiores de la escena, seducen nuestras emociones. Narraremos a continuación la polaridad en la materialidad, y la transmisión en materia emocional que estas configuraciones ofrecen al habitar la obra.

En los trayectos horizontales predominan los colores neutrales como el negro del mármol en solados o barandas, junto con el blanco de los muros y cielorrasos. Las texturas se amalgaman a los colores descriptos, ya que el mármol pulido y brillante de los solados refleja la luz artificial de la luminaria horizontal del cielorraso, tensionando el movimiento hacia sus extremos. En el núcleo de esta imagen se aprecia el volumen de sanitarios aislado de los planos horizontales, protagónico de por cierto por su tonalidad rojiza jerárquica en la composición de blancos y negros por su textura extraña reconocible desde lejos de los paneles metálicos, por la escala vertical que recorre y cose todo los niveles y por ser pantalla recibidora de haces de luz natural proveniente del exterior, lo que transforma al volumen en una especie de corte vacuno iluminado por partes y momentos por los rayos crepusculares externos-internos. Esta configuración nos transmite y difunde «elegancia, sofisticación, opulencia, inmersas estas cuestiones en una escena dramática previa al ingreso a la sala experimental, donde prevalece al mismo tiempo el confort frente a la ansiedad que palpita el usuario».

En lo puesto la segunda imagen representa un tramo de la circulación vertical que rodea al mismo volumen de sanitarios antes descripto. Sin embargo en su segunda cara, el volumen bipolar cambia su apariencia al destacarse un muro verde complementario al rojo metálico. La madera una vez más con sus vetas y color característico, se vincula y relación armoniosamente con la vegetación y el gris áspero del hormigón crudo y cemento del solado. Las sombras arrojadas apagan por partes las diferentes texturas y tonalidades, sin embargo los retazos de luz las iluminan y reavivan. A toda esta composición la envuelve la envolvente vidriada con líneas esmeriladas posibilitando la visual hacia el exterior, expandiendo los panoramas, agudizando el sentido perspectivo. Este conjuro físico define un centro de atracción claro, donde la «ansiedad y curiosidad» por recorrer y transitar la arquitectura se hacen presentes.

En última instancia habitamos el corazón del proyecto, la sala experimental. Estamos en presencia de una siderurgia integral donde una cantidad de emociones se funden al mismo tiempo. Los sentimientos aquí se disuelven, se derriten y se solidifican. Nos hallamos en una especie de licuadora inmensa donde la noción de casa, los centros de simplicidad, la polaridad, los centros de atracción y la complejidad física se licuan y coagulan junto con recursos como el color, la escala, la textura, la luz, y la sombra para abrumar las sensaciones.

Al introducirnos en la sala el cambio de escalas es violento, el cambio de texturas y colores nos deslocalizan. El trabajo de luces puntuales artificiales resaltando los rasgos de la tela acústica entramada junto con el encuentro de color lacre teñido en el ambiente nos anticipan a la inmensa escala que se nos aproxima. El juego de luces, sonidos, proyección de imágenes y creación de niebla artificial, nos transportan a otro lugar. Se trata de dispositivos inmersivos que atentan contra nuestras emociones.

El metal de las estructuras y de los portones corredizos, la madera en butacas junto con las telas que nos soportan, el vidrio de las barandas que facilitan la visual, el hormigón de los tabiques, conforman contrastes y consonancias. Se trata de arquitectura entera, toda arquitectura, sale arquitectura de la madera, sale arquitectura del metal, de estos cuando están hablando, cuando dialogan entre ellos y no los podemos dejar de mirar, de apreciar con todos nuestros sentidos. Nos despegan del piso, nos llevan a un lugar de agonía. Poesía pura.

La arquitectura, la materialidad, el espacio y las sensaciones pretenden que perdamos el oxígeno, pretenden un estado amnésico, y junto con el uso experimental, situarnos en el espacio medio entre sensación y percepción, allí donde el fenómeno habita.

(1) La Amplificación es una Figura Retórica que consiste en intensificar el sentido y valor de lo narrado mediante una enumeración de los hechos (Fuente: http://www.retoricas.com/2009/06/definicion-de-amplificacion.html).
(2) Ernesto Sabato, «La Resistencia», Editorial Planeta Booket, Buenos Aires, 2005, Pag. 14.
(3) Ernesto Sabato, «La Resistencia», Editorial Planeta Booket, Buenos Aires, 2005, Pag. 18.
(4) Ernesto Sabato, «La Resistencia», Editorial Planeta Booket, Buenos Aires, 2005, Pag. 19.

Ficha tecnica
Nombre: Proyecto Centro de Interpretación de Teatro Experimental
Ubicación: Predio ex cárcel de Caseros, Parque Patricios, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Autores: Lucio Miraglia, Claudio Romeo, Pablo Zanichelli
Proyecto fin de carrera, Facultad de Arquitectura y Diseño, Universidad Católica de La Plata
Director: Arq. Raúl Horacio Lamas
Año: 2016

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